El mundo de lo desechable

Hola que tal amados amigos y amigas, los saluda su amigo Marco Antonio Meza Flores, aquí en ¿Qué es ser feliz? Esta idea no es mía, surgió en una charla con un amado hermano, amigo y pastor cuando me dijo “vivimos en un mundo de lo desechable, se desechan relaciones, familias, comida, cosa, etcétera, pero ya nos dimos cuenta de que, ese no era el camino, porque la gente no sabe ser humano, lo desechable mata a los animales, como las tortugas”, en ese momento me dio el nombre para mi nuevo podcast y a pesar de tener algunos por delante, siempre me he dedicado a hacer lo que de mi corazón sale. Comencemos y hablemos del mundo de lo desechable.

Para comenzar definiré de qué hablo cuando digo “el mundo de lo desechable”. Cuando menciono eso, me refiero a que puede ser tirado por resultar inútil, incómodo o molesto, no que se puede usar una sola vez, sino a aquello que por causarme “molestia”, lo tiro a la basura.

Se han fijado que las relaciones pueden ser muy cansadas, fastidiosas, tediosas, incomprensibles, desanimadoras, etcétera. Sin embargo, también son geniales, nos ayudan a crecer, a reír, a crear historias, a llorar si es necesario, a ser mejores personas cada día, las relaciones tienen esos sinsabores y esos sabores que refrescan la vida.

Álvaro López pone en su blog una columna de Eduardo Galeano y dice: Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente, sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco. No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.[1]

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales. ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.[2]

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que ero era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.[3]

Todo el artículo que nos arroja Galeano es genial, y al mismo tiempo te hace pensar en la realidad en la que vivimos no sólo desechamos cosas (historia de vida), sino también desechamos a personas simplemente porque no están a mi antojo.

Hace tiempo escribí un libro que se llama “El amor es una mierda”, la gente por lo regular piensa que hablo mal del amor, y es todo lo contrario, el libro nos dice el por qué debo amar al otro, y nos dice que,  hoy día amar es un suvenir, es decir, como si fuera un llavero, se ama y se desecha porque ya no se ama, pero eso es mentira, porque amar a otro (no importa que sea tu pareja, amigo, amiga, familiar, mascota, plantas) es aceptar al otro tal y como es, sí con su mierda, y no como uno quiere que sea, eso no es amar, es conveniencia, hoy te amo porque haces lo que yo quiero, mañana no te amo porque no haces lo que te digo.

Y es que es triste no creen, que hoy día nos demos cuenta que las cosas que valen la pena, para la gran mayoría no la vale, y lo sé, hoy es día de la tecnología y si no estás en X o Y red social, entonces no existes, no importas, decía Donald Trump “si tu negocio no está en redes, no existes”, pero es tan complicado seguirle la marcha a las nuevas cosas, porque antes no era así, nos juntábamos en la banqueta, platicábamos de ideas, de cosas, nos reíamos, jugábamos futbol en la calle, etcétera. Claro que con la delincuencia “organizada” las cosas cambiaron mucho y sí, también la pandemia también sacó muchas cosas a colación, como que somos seres gregarios y necesitamos a la manada, como que muchas personas no querían ser padres o pareja, o amigo, que sólo era (para algunos) una necesidad que cubrir, pero al tener que convivir con la “necesidad”, nos dimos cuenta de que estamos mejor sin la “necesidad”.

Vivimos en el mundo de lo desechable, porque si ya no me sirve lo tiro, no buscamos como arreglarlo, como resolver las situaciones, buscamos como mejor no tener que aguantarla, pero ¿por qué aguantar al otro y no aceptarlo tal y como es? Porque eso pedimos muchos, que nos acepten con nuestra mierda, que nos acepten como somos, no pretendemos cambiar porque estamos a gusto con nosotros mismos (al menos yo sí), y sé que eso le pesa a muchos y muchas, porque quisieran que fuera como ellos quieren, pero ¿por qué no son como a mí me gusta? Es obvio, porque ellos o ellas piden, lo que jamás darán.

Y es que con las “nuevas visiones” la gente se acomoda, y claro, hay de todo en la viña del señor, y para todos hay, desde las cosas más estúpidas hasta los contenidos que realmente pueden ayudarme a vivir mejor y ser mejor versión de uno cada día, porque la vida es así, tutifruti, y no sólo blanco y negro, y eso es también lo que hace genial la vida, que podemos ser de cualquier color, pero debemos aprender que los demás tienen sus colores y no querer cambiarlos.

Y es que la idea de lo desechable trae mucha contaminación, y no sólo hablo de objetos, hablo de relaciones, cuantas veces no escucho en el consultorio a personas hablar de sus relaciones y cómo las desecharon por “tóxicas” y en realidad son ellos o ellas las que tienen ese patrón que, al no entenderlo, lo justifican, por eso lo repiten, y lo peor ¡no lo aceptan!

Ya he hablado en otro podcast de la repetición de patrones y la forma en cómo uno sigue construyendo relaciones que no valen la pena, y otra vez repito, no sólo amorosas o de pareja, sino de amistades y familia.

Porque las relaciones reales se construyen bajo el fuego, bajo la verdad, la lealtad, y a veces uno es desleal hasta con uno mismo; pero existen otros u otras que siguen creyendo en la lealtad y esperan pacientemente, mientras el otro o la otra se cura, aprende, ofrece disculpas y sigue el camino del crecimiento, ¡qué difícil es eso! Pero algunos o algunas esperan y nos dan fe y esperanza.

Y es que con la idea del desechamiento, creemos que la vida se vuelve más ligera, y es verdad, pero no es lo mismo desechar una navaja de afeitar que una familia, un amigo, un sueño, una esperanza, porque la navaja es un objeto, pero lo otro es una vida, que sí no se restaura, no se cuida, no se alimenta, muere y deja en el pecho un vacío que a veces no se puede llenar con nada.

Recuerdo hace mucho tiempo, una paciente no quería deshacerse de su vestido de novia, le había costado mucho, pero no entendía por qué no podía tener relación con otra persona, le expliqué el asunto de los arquetipos y cómo ella creía que (inconscientemente) si se desasía de él, tenía que aceptar que su no matrimonio era parte de sus “fracasos”, por eso guardaba la esperanza de casarse con ese vestido; cuando por fin se convenció de venderlo o regalarlo, lo sacó del closet, lo vendió, y al mes conoció al que hoy es su esposo y con el que vive feliz, porque dejó fluir las cosas y entendió que ella era más que un vestido de novia.

Y es que muchas de las veces desechamos a las personas por miedo, ignorancia, dolor, frustración, coraje, etcétera y no desechamos nuestros malos hábitos, nuestras formas de amar tóxicas, nuestros usos y costumbres, creyendo que es el otro o la otra la que debe dejar, soltar, hacer a un lado lo que no nos gusta, pero sin querer o queriendo, seguimos siendo la misma mierda que somos, y no ponemos ni perfume a la mierda, sólo la soltamos y dañamos a los demás.

Vivimos en el mundo de lo desechable porque tememos componer lo que tenemos, porque es más fácil deshacernos de aquello que creemos que nos da conflicto, que componerlo, que meternos y sumergirnos en la tarea de componer, de arreglar, de resolver; mejor lo tiro y agarro a otro u otra “necesidad”.

Si no podemos ver como se afecta y contamina el desechar a otro u otra, no podremos ver cómo nos hace daño este tipo de rubros, porque este asunto es de contaminación interna y de ecología emocional, que tiene que ver con tu ser, con todo lo que te rodea y con todo lo que eres.

Creo que es sumamente importante entender qué es ecología. Es una palabra griega que proviene de las raíces eco y logía. Eco viene del griego oikos que significa “casa o vivienda”. Mientras que logía, viene del griego logos que quiere decir “tratado, estudio, ciencia o teoría”. Entonces “ecología” quiere decir: “Ciencia que estudia a los seres vivos en cuanto habitantes de un medio, de las relaciones que mantienen entre sí y las que tienen con su propio medio ambiente”. Es decir, la ecología estudia los procesos de los seres vivos en su ecosistema y su interrelación con el medio ambiente, así como el impacto de este.

Luego entonces, la Ecología Emocional, estudia el impacto que tienen las emociones dentro de uno mismo y dentro del ambiente en que cohabitamos, de ahí que sea importante que aprendamos a ser “mejores seres humanos” a través de pensamientos y estados de vida sanos (y no normales, o regidos por normas).

El conocimiento de uno mismo no es simple, menos sencillo, y, al contrario de lo que se piensa es muy doloroso; por qué, simple, nos gusta vivir en un estado de ignorancia, pues entre más sabemos, más duele, es entonces que debemos saber qué, hacer conciencia, es doloroso, y surge de la confusión inicial y el hecho de vencer los miedos, además que la soledad nos pondrá en jaque, y es necesario, sobre todo si queremos aprender a crecer con mejor salud mental.[4]

Yo creo que las emociones que se esconden se convierten en agua estancada, es decir, cuando el agua se estanca se apesta, salen hongos y mosquitos, es como si barrieras, pero dejaras todo debajo de la alfombra, es decir, vives una situación, y te la callas “por amor”, pero en realidad es por cobardía.

Ahora, cuando sacamos la emoción sin pensar, entonces escupimos de frente, es decir, la emoción es como un tsunami… aplasta todo lo que está cerca y a veces no tan cerca, lo destruye, pues es un mecanismo de defensa.

La idea central de una emoción bien sacada es como una hidroeléctrica, es decir, las emociones son algo real (el agua), y deben salir siempre, pero deben salir de manera constructiva, o de manera que a todos beneficien, de ahí, que sea una hidroeléctrica, convertimos algo real (una emoción, agua en este caso) en algo fructífero (electricidad). A veces le digo a mis pacientes/clientes/consultantes, que deben decir las cosas, pero deben ser asertivos, es decir: “No es que me digas perro, sino la perra forma en que me lo dices”.

Desde el punto de vista de la medicina tradicional oriental las emociones que no están bien entendidas, y por ende se bloquean, afectan a alguna parte del cuerpo y lo enferman y todas pueden dañar. De la misma forma, aquellas que salen sin prohibición alguna, regulan los chakras, y por ende el estilo de vida, eso hace que podamos gestionar la emoción, canalizarla de manera sana y sanar (valga la redundancia).

En la idea del mundo es desechable la gente cree que las emociones también son eso, pero eso les trae conflicto, pleito, pena, porque el mundo no es así, las relaciones reales no son así, deben construirse, y en esa construcción hay dolor, hay pena, hay desazón, porque la gente no es como yo quiero, sino como ella son, o sea traen su propia mierda.

Por eso te invito a ver al otro u otra con otra visión, como seres hermosos con su mierda, pero eso no causará desecharlas, sino aprender de ellos y ellas, porque son magnificas personas, aunque en muchas de las veces me distraigan o me hagan pensar mal, que las ames como son y como comercial, que compres el libro “El amor es una mierda”, en Amazon, mercado libre o Canah que es más barato y te pongo dedicatoria, tú sabes, pero  con esto te darás cuenta que el mundo de lo desechable no es para un ser humano.

Por lo demás amigos míos les dejo un abrazo enorme, sanador, muy nuestro, búsquenme en las redes sociales, soy Marco Antonio Meza Flores en todas, en Facebook, mi foto de perfil es Buda, Jesús y Krisna en un puente, y la foto de atrás tienen un letrero de advertencia divertido, en Instagram y en Twitter es una foto de mí con una camisa de Canah, de color azul o en www.marcoamezaflores.com, ahí está el blog “pregúntale a Marco”, en mi correo electrónico reverendo_czy@hotmail.com, y si son muy buenos para leer, tengo mi columna “camina conmigo” en www.primeravueltanoticias.com, en la sección de opinión.

Y recuerda… mi voz irá contigo. Un abrazo cósmico.


[1] https://alvarolopez50.wordpress.com/2009/09/21/el-mundo-de-los-desechables-eduardo-galeano/

[2] Idem.

[3] Idem

[4] Hay varios de mis podcast que hablan de soledad en “¿Qué es ser feliz”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *