Conversaciones complicadas

Hola que tal amados amigos y amigas, los saluda su amigo Marco Antonio Meza Flores, aquí en ¿Qué es ser feliz? Hace poco leí un artículo de Patricia Morales y Collage Sofía Valenzuela, que se llamaba “Para construir relaciones sanas, necesitamos tener conversaciones incómodas”[1], y me pareció genial, como para hacer el nuevo podcast, al que llamé “Conversaciones complicadas”, Comencemos:

Una de las cosas que más afectan los vínculos afectivos es creer que el otro o la otra debe pensar como yo, luego entonces, debemos estar conectados al 100% en lo que pensamos, pero eso sería fatal, dice un dicho “si dos personas piensan igual, uno de los dos no está pensando”.

Y es que con la idea de “debemos estar conectados”, no pensar igual parece ser que estamos desconectados y eso no es verdad, pues precisamente el poder pensar diferente al otro u otra me hará crecer en muchos aspectos.

Una de las causas de no pensar igual es que creemos que los demás cercanos a mí, tienen la obligación de leer mi mente y saber qué necesito, qué quiero, cómo lo quiero y cuándo lo quiero, dónde lo quiero y por qué lo quiero, pero no le decimos nada, esperemos a que él o ella adivine y, si no lo hace arderá Troya.

He leído en redes, “Si te lo tengo que pedir, ya no lo quiero”, y digo ¡¿Es verdad?! ¿Cómo diablos voy a saber qué necesitas, si no me lo dices? Y muchas de las respuestas son: “Si me ama debe saberlo”; “Si me conoce, debe saber”. En realidad, muchas de las personas no saben qué necesitamos, esperar que lo adivinen es un absurdo y además que es muy perverso.

Conversar mis necesidades me ayudará a entender al otro y a uno mismo, el artículo que mencioné cita a una doctora en psicología, académica e investigadora llamada Carolina Aspilla, que se ha dedicado a estudiar las relaciones amorosas y el concepto de amor romántico, y dice: “Tenemos la fantasía de amor verdadero como dos personas que se complementan totalmente y en ese contexto aparece la idea de que, para llevarnos bien, tenemos que estar de acuerdo en todo y desde ahí se nos hace difícil tener conversaciones en las que pueda haber divergencias”.

Y es que, en verdad, cuando uno comienza una relación afectiva (la que sea), uno debe poner las cartas sobre la mesa, y ser transparente diciendo ¿qué se espera de la relación? ¿Cómo es que se quiere uno relacionar? ¿Qué estoy dispuesta/o a dar o no dar? Etcétera, y estas conversaciones son muy incómodas o complicadas.

Uno de los problemas que existen en esto de las conversaciones complicadas, es que muchos y muchas de nosotros/as no sabemos qué queremos en realidad, no nos conocemos porque no nos exploramos, no nos autoanalizamos, porque nos da miedo posiblemente saber qué clase de persona somos.

Además, añade que con nuestros arquetipos callamos muchas veces para “no tener un problema, o no ocasionarlo”, aún y a pesar de no estar de acuerdo con lo que el otro o la otra me dice. El artículo vuelve a citar a June y dice: “Cuando se trata de conversaciones incómodas, de poner límites o establecer expectativas, son cosas que nunca hacemos, ni siquiera con nuestras familias. Lo pienso particularmente en la relación con nuestras mamás, solemos dejar que ellas opinen sobre todo en nuestras vidas”. Y en el caso de pareja, se da con mayor frecuencia.[2]

Y es que hablar de lo que pienso y siento con otros u otras nos da temor, pues creemos que si decimos lo que pensamos o lo que sentimos podemos perder a la persona que según amamos, o creemos que los y las demás me verán como alguien desesperado o intenso, y eso nos causa terror, porque muchos y muchas nos preocupa qué dirán o qué piensan de mí, sobre todo la pareja y los padres, más mamá que papá, y es posible que esto se dé por el arquetipo de madre que está muy incrustado en nuestra cabeza.

Y al no preguntar, o decir, qué se espera, qué se quiere o qué necesito, muchos y muchas estamos dispuestas o dispuestos a estar en una situación de incomodidad, de perdida de paz mental y psicológica, pues preferimos estar en esa zona de conformismo con tal de no perder aquello que según amamos.

Las conversaciones complicadas nos llevarán a tener interrogantes sobre nosotros mismos, y nos enseñarán que no existe una sola fórmula o forma de vincularme con el otro u la otra, pues enseñan que lo que nos enseñaron sobre el amor y sobre cómo vincularse con los demás no es siempre la manera correcta.

Además, nos enseña la pobreza intensa que existe en nosotros con la idea absurda de aquello que nos dice qué es amar, y como comercial les invitó a comprar mi libro “El amor es una mierda”, en donde explico todas las clases de amor y el por qué aceptar al otro u a la otra para ser mejores personas.

Porque amar al otro u a la otra es aceptar la mierda que este o esta tiene, darnos cuenta de que, ella o él no es perfecto ni de cerca, y aceptar eso, a pesar del dolor, de la miseria de las expectativas, de que ella o él siempre buscará para sí mismo, sin dejar de ver que nadie está por encima de ti y ponerlo en el lugar correcto, porque tu amor hacia ti será mejor que el amor hacia otro u otra.

Las conversaciones complicadas nos harán desnudar no sólo el cuerpo, sino el alma o la conducta y con esto entender que debemos ser claros en lo que queremos, a pesar del dolor que cause esto, porque en realidad la claridad siempre es molesta, para quien sea, porque nos deja ser y estar, aquí y ahora, y eso quiere decir que debemos ser, y nos causa tanta pena o lastima ser, que preferimos callar, y seguir el juego maquiavélico de aquello que nos consterna, que nos hace sentirnos vulnerables, y por ende, infelices, por tal de vivir en un mundo imaginario, lleno de fantasía, pero no real, todo por enmarcarnos en “mejor no decir, y ahorrarme un pleito”; la vida en su totalidad es mejor si se escribe en la realidad dolorosa, que en la supuesta realidad aprendida.

Ahora, viene otro problema mayúsculo, la conversación complicada con uno mismo, ¡Uff! ¡qué difícil! Porque a veces nos creemos perfectos, creemos que nosotros no tenemos errores y son los demás los que los tienen, nuestro narcisismo es tan grande que no vemos más allá de la nariz (quiero comentarles que ya hable del narcisismo y la egolatría en otro podcast), cuando uno comienza a hacerse un autoanálisis y se da cuenta que clase de basura puede ser, lo niega, lo esconde, no lo acepta, porque no es de buen gusto, no es agradable, pero es algo genial, conocer nuestros demonios, no negarlos, no luchar contra ellos, sino aceptarlos y dejar de alimentarlos nos hará personas sanas, porque las personas normales o que se rigen de normas, jamás aceptarán que ellos tiene cosas malignas o perversas en ellos mismos, son los demás los del problema, y además se crearán historias en sus cabezas para que otros se sientan culpables.

Es por eso que, la conversación complicada con uno mismo es muy fuerte y la más difícil de hacer. ¡Y claro que se necesita ayuda profesional de un psicoterapeuta para poder comenzar este camino! y sobre todo disposición de uno para dejar de transitar el camino del no conocimiento personal, porque ¡qué difícil es tener que aprender que todo lo que me pasa es en realidad una construcción de mis decisiones, de aquellos sí que tenían que ser no, y de aquellos no que tenían que ser sí.

Otra cosa interesante es la idea de una comunicación es difícil, porque me ha tocado escuchar en el consultorio: “Es que lo que me das a entender es X o Y”, y le digo al paciente, a ver, creo que fui claro pero no quieres escucharme porque no te conviene o porque no te interesa, y le repito lo que dije.

Me gusta mucho lo que dice Francois Garagnon:

Entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo que estoy diciendo, lo que digo, lo que quieres escuchar, lo que escuchas, lo que crees entender, lo que quieres entender y lo que entiendes. Existen por lo menos nueve posibilidades de malentendidos.

Vamos a desmembrarlo desde donde yo lo entiendo:

Entre lo que pienso: Lo que yo pienso no quiere decir que sea la verdad, porque es mi verdad, que está llena de todo lo que llevo a cuestas de la vida, de todo lo que he leído, platicado, investigado, sentido, decidido, etcétera, y es lo que digo desde donde estoy, aquí y ahora.

Lo que quiero decir: Es aquello que en realidad quiero transmitir a través de mis palabras y acciones, de lo que hablo, de lo que trato de explicar al otro u otra.

Lo que creo que estoy diciendo: Esto es lo que yo creo que el otro u otra me está entendiendo.

Lo que digo: Tiene que ver con la fenomenología, es decir, con aquello que argumento desde los fenómenos que entiendo y vivo, con mis perspectivas y prejuicios, con lo que sé y hasta a veces con lo que ignoro, pero considero que debo decir.

Lo que quieres escuchar: Esto tiene que ver más con el receptor del mensaje y la gran pregunta ¿Qué quieres escuchar? Que sería bueno preguntar antes de decir cualquier cosa.

Lo que escuchas: En realidad muchas personas oyen lo que ellos quieren, la gran mayoría de las veces no escuchan, oyen, que es pasivo, si escucharan, dejarían que los nueve sentidos hicieran su trabajo y entonces podría haber una conversación madura y fluida.

Lo que crees entender: Otra interpretación del receptor, porque a veces (muchas de ellas) ellos o ellas quieren entender aquello que les conviene, y por supuesto no escuchan, oyen.

Lo que quieres entender y: Esto también es a conveniencia del receptor y todos sus prejuicios, programas, estereotipos, símbolos y arquetipos que tienen en la cabeza.

Lo que entiendes: Aquí deberíamos preguntarle al receptor ¿qué entendió de lo que le dije? Para que no haya malentendidos.

Existen por lo menos nueve posibilidades de malentendidos: Es aquí cuando las conversaciones se vuelven peligrosas e incómodas, porque cada uno dice e interpreta lo que le conviene y muchas veces no es lo que se dijo, y comienzan los malentendidos. Recuerdo un día que le dije a una paciente que ella por ser mujer era catalogada como de segundo grado en un mundo patriarcal como el que vivimos, pues ella era ingeniero, un mundo de machos y hombres, y su trabajo si era mejor que el de aquellos, entonces sería juzgado y ocasionaría mobbing o acoso laboral, pero interpretó que ella era una mujer de baja categoría y que no merecía ser lo que ella era. Después en otra sesión me dijo molesta lo que según yo le había dicho, y le dije, ¡no! Yo no dije eso, y desde aquí comenzaré a grabar las terapias para que no te inventes cosas que yo dije. Los malentendidos se dan por no saber escuchar, y sólo oír aquello que creemos que nos dicen, en uno de mis libros digo: “A veces oímos para responder, y no escuchamos para pensar”.

Las conversaciones complicadas se dan desde nuestro ser, hasta nuestro entorno, por qué, por no querernos enfrentar a lo que somos y por la misma manera, ignoramos qué somos y cómo nos enfrentamos, siempre será una nueva forma de conversar a pesar de la incomodidad y de la realidad.

Conversaciones complicadas son las que nos harán tener vínculos reales y sobre todo fuertes, a pesar de los dolores que nos puedan causar, que nos hagan tambalear, que no nos dejen estar uno o dos días cómodos por lo que dije que siento, creo, y me emociona, hablar de aquello que somos y queremos a pesar de que el otro u otra no quiera que seamos les aseguro que traerá bronca, pero si es bien trabajado nos dará paz al final del día.

Leí en la red lo siguiente y me encantó, y a pesar de buscar a el autor o la autora no lo encontré, así que se los dejo:

Me hago cargo de lo que digo, no de lo que tú entiendes.

Me hago cargo de lo que escribo, no de lo que tú lees.

Me hago cargo de lo que hago, no de lo que tú percibes.

Me hago cargo de lo que soy, no de lo que tú deduces.

Me hago cargo de mis emociones, no de tus reacciones.

Me responsabilizo de mi vida, por favor, hazte cargo tú de tus proyecciones.

El nivel de conciencia de cada uno es proporcional al nivel de responsabilidad que se tiene de uno mismo.

De igual manera lo desmembraré desde donde yo lo entiendo:

Me hago cargo de lo que digo, no de lo que tú entiendes: Desde mi pobre perspectiva creo que aquí se menciona hacerme cargo de aquello que digo, y no de aquello que el receptor entiende. Otra vez, las perspectivas de lo que yo digo y el otro o la otra entiende, tiene que ver con toda nuestra vida y lo aprendido.

Me hago cargo de lo que escribo, no de lo que tú lees: Gadamer decía: “Terminado el texto, muerto el autor”. Y es verdad, mucha gente cree que lo que uno escribe es para ella, pero no saben por qué lo escribió el autor. Esto pasa hoy día muy seguido por las redes sociales, me ha tocado que me envían fotos de lo que escribí, y se quejan porque los dije por ellos o ellas, y en realidad, lo escribí porque se me dio la gana, ah, pero los lectores afirman y perjuran que es por ellos o ellas.

Me hago cargo de lo que hago, no de lo que tú percibes: Otra cosa parecida a lo anterior, los narcisistas creen que todo aquello que hagas debe estar alrededor de lo que ellos creen, es decir, nada está fuera de su alcance y todo es manejado por ellos o ellas, por eso perciben tus acciones como para ellos o ellas, y no porque a ti te da la gana.

Me hago cargo de lo que soy, no de lo que tú deduces: Otra cosa para alimentar a los narcisistas, ellos o ellas deciden en sus cabezas quién soy yo, a pesar de que tú decidas quién eres, porque ellos o ellas creen que tú eres por ellos o ellas, pero no es verdad, Albert Einstein decía: Preocúpate más por tú consciencia que por tú reputación; porque tú consciencia te dice lo que eres, y tú reputación dice que eres para los demás, y lo que los demás piensen de ti es problema de ellos, no tuyo. Dejar de alimentar lo que creen de ti, ayudará a crecer a tu ser interno.

Me hago cargo de mis emociones, no de tus reacciones: Las emociones son simplemente emociones, no hay buenas ni malas, aunque muchos psicólogos te digan eso, ellos o ellas no han leído bastante para entender esto. Las emociones se gestionan, por eso no existen ni buenas ni malas, sino cómo las gestionas en tu vida real, las reacciones de los demás hacia tus emociones a veces no son lo que tú quieres y eso no debe preocuparte, porque éstas sólo recalcan la miseria en la que ellos o ellas viven.

Me responsabilizo de mi vida, por favor, hazte cargo tú de tus proyecciones: Proyectar en el otro o la otra la pobreza mental se da mucho en estos días, pero cuidado, a veces creemos que “lo que te checa te choca”, es decir, lo que te molesta es porque así eres, y no siempre es verdad esto, hay personas muy sanas que les chocha la injusticia y la señalan, y no por eso se proyectan, es decir, ven en el otro o la otra aquello que les molesta. Por eso es importante entender que aquello que nos molesta, no siempre es una proyección; sin embargo, existen personas que sí proyectan sus miserias en uno.

El nivel de conciencia de cada uno es proporcional al nivel de responsabilidad que se tiene de uno mismo: Otra vez llegamos al autoconocimiento, al tener que espulgarnos mentalmente y aprender qué no queremos de nosotros o nosotras, y de hacernos responsables de aquello que somos.

Quisiera terminar con lo que dice el artículo donde cita a June concluye, aunque le sumo el decir de los hombres: “Sería increíble que todas y todos asumiéramos que conversando se resuelven cosas, sobre todo si estás construyendo una relación íntima y profunda. Lo mejor que les puede pasar a las personas es saber que pueden estar en relaciones donde se pueden tener conversaciones incómodas, pero que después de esas conversaciones, se van a sentir tranquilas/os, no se van a sentir ni humilladas/os ni juzgadas/os, sino que justamente son espacios de confianza para abrirse un poco más y ser más transparentes”.[3]

Por lo demás amigos míos les dejo un abrazo enorme, sanador, muy nuestro, búsquenme en las redes sociales, soy Marco Antonio Meza Flores en todas, en Facebook, mi foto de perfil es Buda, Jesús y Krisna en un puente, y la foto de atrás tienen un letrero de advertencia divertido, en Twitter es una foto de mí con una camisa de Canah, de color azul en Tik Tok es @marcoantoniomezaflores1, pueden oírme en Spotyfi, Anchor, Itunes y otras 10 plataformas más en mi podcast ¿Qué es ser feliz? También en Instagram con mi nombre o en www.marcoamezaflores.com, ahí está el blog “Pregúntale a Marco”, en mi correo electrónico reverendo_czy@hotmail.com, y si son muy buenos para leer, tengo mi columna “camina conmigo” en www.primeravueltanoticias.com, en la sección de opinión.

Y recuerda… mi voz irá contigo. Un abrazo cósmico.


[1] https://www.latercera.com/paula/para-poder-construir-relaciones-sanas-necesitamos-tener-conversaciones-incomodas/?fbclid=IwAR25u9XJCoIfYe7MoU8nm7n27biQ0p6F9UtjzgmyN6nxvUtu8WRyJHqtMYk

[2] Idem.

[3] Idem.

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