El feminismo desde la deconstrucción de los conceptos masculinos

Hola que tal amados amigos y amigas, los saluda su amigo Marco Antonio Meza Flores, aquí en ¿Qué es ser feliz? El día de hoy hablaremos de algo que me pidieron que expusiera, es algo complejo pues habla del feminismo desde la deconstrucción masculina, así que comencemos.

Antes que nada, quisiera decirles que el tema es complicado por muchas cosas: 1) Ser feminista es ser mujer, los hombres no podemos ser feministas, podemos apoyar el movimiento, pero de lejos. Pero me encantan las palabras de la feminista Maya Angelou: “Claro que soy feminista. Llevo bastante tiempo siendo mujer, sería estúpido no estar de mi propio lado”; 2) La deconstrucción a las masculinidades lleva décadas; 3) El tema debe tratarse con pinzas, para no regarla, esto implica saber sobre éste, y poder exponerlo sin machismo alguno… y esto, es difícil.

Lo primero que me viene a la cabeza es la pregunta ¿qué es el feminismo? El feminismo es un movimiento social y político iniciado formalmente a finales del siglo XVIII, nos habla de la opresión, dominación y explotación de la cual, sufren las mujeres, por parte de los hombres y también de ellas mismas (porque el patriarcado no es sólo masculino, sino femenino también), esto, las mueve a la acción de ser libres de su sexo, aunque tengan que luchar por eso.  La idea es tonta, pues la mujer no quiere elevarse a la categoría de hombre, como si éste, fuera un modelo, como si la mujer no fuera en sí misma una dueña de su propia lucha.

En el diccionario (patriarcal) Ilustrado de la Lengua dice: “Doctrina social que concede a la mujer igual capacidad y los mismos derechos que a los hombres” [1]. El problema radica en que la definición se vuelve tendenciosa, pues las mujeres no quieren ser más que los hombres, sólo quieren tener los mismos derechos, para votar, para pensar y hasta para ser y estar, aquí y ahora.

En el diccionario Larousse dice: “Feminismo: Tendencia a mejorar la posición de la mujer en la sociedad”. En un artículo de Anne y Jacqueline puede leerse: “El feminismo es la toma de conciencia por la mujer de la opresión que padece. Una opresión que no es sólo la económica jurídica y sexual, sino sobre toda la económica.[2]

Marcuse dice que el feminismo actúa a dos niveles: 1) El de la lucha por conseguir la igualdad completa en lo económico, en lo social y en lo cultural; 2) El otro es “más allá de la igualdad”, que nos invita como sociedad a superar la dicotomía hombre-mujer[3]. Y es que hablar de superar la dicotomía se hace complicado, pues los machos no quieren perder privilegios, no conviene, lo mejor es dejar el “Status quo” que no es más que decir “estado del momento actual”, en otras palabras “deja las cosas como están”, aunque éstas estén muy jodidas.

El término surge en Francia (feminisme), y se adopta en Inglaterra a partir de 1890.

Gabriela Cano, del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México (ColMex) nos define el feminismo como: “Conjunto de ideas lenguaje de derechos y un movimiento social. El feminismo es una palabra con múltiples significados, no se puede establecer un significado único sino que hay que ver en cada contexto particular qué significa”, de ahí la idea de “feminismos”.[4]

Después Hilda Monraz, nos dice que el concepto se puede rastrear hasta la época de la Revolución Mexicana, pues las mujeres buscan el voto, los derechos civiles y la educación. Cano nos dice que el feminismo se usa a partir del siglo XX, en un movimiento llamado: Primer Congreso Feminista en Yucatán, al que convocó el general Salvador Alvarado.[5]

En los 20 y 30 años, surgen otras visiones, donde se discuten los derechos laborales y el derecho a votar. En los 30´s o 40´s, se hace el Ateneo Mexicano de Mujeres, que busca reconocer la obra creativa e intelectual de las mujeres, pero se rechazó, porque los hombres dicen “tener una asociación negativa”.

Después de la Primera Guerra Mundial, el feminismo se asoció con “sufragios”, lo que a su vez tuvo que ver con demandas de orden completamente político.

Después se vio como un discurso antitético y desprendido de lo intelectual (del cual empezó), por lo cual lo histórico, teórico e histórico se olvidó, tal parece que se le vio como un berrinche de las mujeres, aunque no lo fuera. Esto hizo que los críticos al feminismo dijeran[6]:

  1. Como las mujeres se pusieron muy pesadas desde finales del siglo XIX les dimos más o menos lo que querían.
  2. Sus antiguas reivindicaciones ya fueron satisfechas, por lo que cualquier otra reivindicación que venga de ellas debe ser puesta en tela de juicio,
  3. En situaciones extremas -como pueda ser el contexto de las dos guerras-, este tipo de debates son egoístas, infantiles e impertinentes, por lo que a las feministas conviene no hacerles mucho caso.

En 1953, se aprueba las Reformas Constitucionales, y ahí, las mujeres tienen derecho a votar, es decir, se hacen ciudadanas.

En 1980 se intensifica la idea del feminismo, y Cano nos dice: “Fue una generación de jóvenes universitarias, muchas de ellas vinculadas con la izquierda. Las nuevas demandas estuvieron relacionadas con el cuerpo, la sexualidad, la conceptualización, la violencia masculina, como algo que se puede contener, legalizar y penalizar[7].

En este proceso hubo muchas mujeres que la historia olvida. Esto, porque hablar de feminismo es México es extraño, es, machismo y las mujeres no entienden (machismo al fin).

En México, ha habido muchas muertes de mujeres, y no se ve como algo malo, pues la idea absurda de “ellas se lo buscan” ya se cae por sí misma.

En la Segunda Guerra Mundial todo se fue al caño, porque había (y hay) incomprensión, Betty Friedan bautiza como: “El malestar que no tiene nombre”, en la que habla de millones de mujeres en USA (Estados Unidos) que, después de la guerra, tienen que regresar a sus casas. Tenían derecho a votar, incluso a la educación, sin embargo, se sentían excluidas, deprimidas, abandonadas e insatisfechas, pues regresan a la condición de madres y esposas.[8]

Entonces, el feminismo lucha no por estar por encima de los derechos de los hombres, o voltear la tortilla (una idea muy de revancha), sino porque sea equitativo y justo, porque hasta hoy, en muchas empresas la mujer gana 25% menos que un hombre, por realizar exactamente la misma labor, ellas tienen trabajo fuera de casa y cuando llegan a casa tienen trabajo dentro de casa, pero ambos son proveedores del hogar, haciendo que la mujer cumpla un rol y el hombre no.

Y podríamos hablar de un sinfín de porqué se debe tener equidad en ambos sexos.

Ahora ¿Qué es la deconstrucción? Bueno la palabra viene del latín, el prefijo “de” que se puede traducir como “de arriba hacia abajo”; lo acompaña la partícula “con” que significa “globalmente” y el verbo “struere” que quiere decir “juntar”; o sea deconstruir es “Juntar todo y desarmarlo de arriba hacia abajo”.

La propone Jacques Derriba (inspirado por Heidegger) y lo que hace la deconstrucción es evidenciar las ambigüedades, debilidades, contradicciones y pone fin a las falsedades de una teoría o un discurso y deshacerlas. La idea es descentralizar el poder y posibilitar que los heterogéneo emerja.

En el proceso de la deconstrucción hay un constructivismo, es decir, recreamos lo que creemos y le damos una nueva forma, más libre y razonada, porque no se deconstruye al hombre, sino a los conceptos, ideas, prejuicios, discursos etcétera que hacen del hombre un macho y no un varón.

Raimon Ribera Y Josep Artés, escriben un artículo llamado “Adiós al macho: Sobre micromachismos y deconstrucción”. Ellos comentan que tanto micromachismo y deconstrucción tiene origen en el postestructuralismo y se remite al microfascismo desarrollado por Deleuze y Guattari en “Mil mesetas” y al que Guattari vuelve en “La Revolución Molecular”[9].

La idea es demostrar cómo dentro de cualquier organización, comunidad o grupo social intervienen prácticas propias de los regímenes fascistas, que tienden a capturar el deseo e imponer formas de subjetividad a sus singularidades mediante distintos sistemas de control. Mientras que, el microfascismo es en general, una práctica tolerada por el Estado que permite que, allí donde la ley no llega, se extienda el orden del poder dominante.[10]

Los micromachismos, como los microfascismos, operan en cualquier estrato de la sociedad, los reproducimos de manera naturalizada y quedan, por otro lado, fuera de la ley, que sólo responde con un silencio y, a lo sumo, con ignorancia.[11]

El micromachismo se cuela de manera “insignificante”, sin embargo, se extienden al régimen heteronormativo patriarcal en todo lo que tenga que ver con la vida cotidiana; y operan en cualquier estrato social, fuera de la ley y con un silencio aplastante por el exceso de ignorancia.

“Deconstruir la masculinidad” es para estos autores “transgredir” las masculinidades, “detectando” y “tachando” todo micromachismo que se han ido sedimentando (o clasificando) en las subjetividades a lo largo de los años.

Deconstruir es romper categorías, y al mismo tiempo construir nuevas categorías, en las que todos y todas ganan, por lo que no se puede tener “hombres deconstruídos”, pues un cuerpo no se decontruye, sino lo que se deconstruye es una idea, un estilo de vida.

Deconstruirse es traer lo que ya estaba dicho (o lo homogéneo) a la mesa y discutirlo, destruyendo la idea de “sólo es esto y nada más” y hacerlo heterogéneo, o sea muchas visiones, voces, posturas.

Deconstruir es abrir un canal para revelar los procesos de formación. Des-sedimentar los conocimientos y discursos para revelar lo que la historia ha ocultado y reprimido. Deconstruir es desmontar un reloj para revelar la forma en las partes fueron formadas, permitiendo analizar mecanismos de funcionamiento, herencias pasadas, piezas ocultas.[12]

La deconstrución nos enseña a pensar, actuar y vivir de tal manera que los prejuicios, falsas ideas, terquedades y otras cosas que nos hacen ver al otro y a la otra de manera diferente, es decir, nos vamos haciendo más humanos.

No es nada más la deconstrucción del pensamiento del macho, sino del pensamiento del ser humano en su totalidad.

Ahora, el discurso es lindísimo, la realidad es la que pesa, conozco a muchísimos “deconstruidos” (lo pongo entre comillas, porque son falsos) que en el discurso son bien buenos, pero en lo privado son más opresores y fascistas que los más machos que conozco, estos machos de closet son peligrosos, porque se hacen las víctimas, son mentirosos y ruines, aún y a pesar de que el discurso sea bello y se piense están a favor del feminismo, en su realidad, son de los peores enemigos que se tiene, tanto en el feminismo como en las masculinidades.

La verdad es que a muchos nos lleva años (a mí me ha llevado más de 20 años) deconstruirnos, por qué, porque la educación es profunda, viene desde casa, escuela, iglesia, amigos, colegas, trabajo, etcétera, está en todas partes y no sólo es para hombres, conozco muchas mujeres muy machistas, que deben también deconstruirse, pero es un insulto que les digas eso.

Porque no es que lo diga yo que soy un hombre, sino ya lo dije hace un rato (escrito arriba) como dijera Maya Angelou: “Claro que soy feminista. Llevo bastante tiempo siendo mujer, sería estúpido no estar de mi propio lado”.

La deconstrucción de las masculinidades es la presentación de las ideas patriarcales y sacarlas para construir un pensamiento más justo, equitativo e inclusivo, no sólo para el feminismo, sino para la vida en sí, por eso no se deconstruye al varón, o a los hombres, sino a sus estilos de pensar, a sus formas ideológicas, a sus castrantes prejuicios y sus roles estúpidos, es decir, se deconstruyen los valores patriarcales, para hacer valores humanos.

Así que el feminismo desde la deconstrucción de los conceptos masculinos es una tarea de toda la vida, y de todo el tiempo, porque la sociedad en general es patriarcal, aún las feministas más metidas, a veces, tienen micromachismos, aún los hombres más deconstruidos a veces tenemos micromachismos, así que, la tarea sigue y seguirá creciendo, es trabajo de todos educar a la gente sobre ambos temas, y leer historia, porque todavía queda mucho por hacer.

Por lo demás amigos míos les dejo un abrazo enorme, sanador, muy nuestro, búsquenme en las redes sociales, soy Marco Antonio Meza Flores en todas, en Facebook, mi foto de perfil es Buda, Jesús y Krisna en un puente, y la foto de atrás tienen un letrero de advertencia divertido, en Instagram y en Twitter es una foto de mí con una camisa de Canah, de color azul o en www.marcoamezaflores.com, ahí está el blog “pregúntale a Marco”, en mi correo electrónico reverendo_czy@hotmail.com, y si son muy buenos para leer, tengo mi columna “camina conmigo” en www.primeravueltanoticias.com, en la sección de opinión.

Y recuerda… mi voz irá contigo. Un abrazo cósmico.


[1] http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1308

[2] Ídem.

[3] Ídem.

[4] https://www.eluniversal.com.mx/cultura/un-recorrido-por-la-historia-del-feminismo-en-mexico

[5] Ídem.

[6] https://www.lamarea.com/2020/04/07/feminismo-historia-y-pandemia/

[7] https://www.eluniversal.com.mx/cultura/un-recorrido-por-la-historia-del-feminismo-en-mexico

[8] https://www.lamarea.com/2020/04/07/feminismo-historia-y-pandemia/

[9] https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/adios-al-macho-sobre-micromachismos-y-deconstruccion

[10] Idem.

[11] Idem.

[12] https://www.elsaltodiario.com/masculinidades/contra-que-es-deconstruccion-masculina

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