El arquetipo madre

Hola que tal amados amigos y amigas, los saluda su amigo Marco Antonio Meza Flores, aquí en ¿Qué es ser feliz? Y el día de hoy hablaremos de algo que es uno de los arquetipos y símbolos más complejos; y no por el significado, que ese es simple, sino por el peso que tiene en nuestro inconsciente colectivo e individual, de ahí que duré más de un mes en lecturas y más lecturas, para poder decirles o hablarles sobre el tema, buscando no ser crucificado por el mismo. El tema que me lo pide una colega psicoterapeuta; hablaremos de “la madre”, pero veremos que ni es tan sagrada y mucho menos intocable, un tema que sé, podrá causar escozor, y molestia, porque el arquetipo es complicado en cuanto al toque, por la sobreprotección que hay al concepto de “madre”, soplado por la iglesia romana y adoptado por el cristianismo en general. Hablemos pues de “La madre, ni sagrada, ni intocable”.

Hablar de la madre es complicado, el arquetipo de ésta, es casi intocable, debido a la figura que representa. Porque hablar de la madre es hablar de la inmaculada, de la buena, de la célebre, de la que se sacrifica, etcétera. Arquetipo complejo en cuanto a su entendimiento inconsciente, pero fácil de entender, en el consiente.

La madre es una figura física ligada a la vida, es la primera palabra que pronunciamos al despertar al mundo, y es uno de los arquetipos con una gran cantidad casi imprevisible o impensado de aspectos, precisamente por el peso que tiene como arquetipo.

El arquetipo es visto (y aunque lo he mencionado, lo repito) como: “La diosa, la virgen, la intocable, la buena, la mártir, etcétera”. Lo “maternal” es por antonomasia una autoridad casi divina, sabia, iluminada, aquella que se sacrifica por los hijos. Lo sabio, una autoridad mágica, la bondad, la protección, la que sustenta, fertilidad, alimento, aunque esto no sea una realidad general, y mucho menos saludable.

Grandes pensadores hablan de ella, desde C. G. Jung y su discípulo E. Nenmann que profundizaron sobre el arquetipo; sin embargo, Jean Piaget y Donald W. Winnicott también lo ven, Freud y Erickson, (y muchos más) han profundizado sobre el mismo, ¿qué nos dice de su figura en la psique infantil? y ¿qué nos mencionan sobre el ser amados, protegido y siempre escogidos?

Y es que, hasta para hablar de la madre, necesitamos los usos y costumbres actuales, en los que se les da un día (al menos en el México católico es el 10 de mayo), en donde se tira la casa por la ventana, se paralizan clases y se hacen fiestas y lisonjas, todo para celebrar a la madre, que no pasa con el padre, que no tiene un día específico pues es el tercer domingo de julio, posiblemente por aquello del padre ausente, no lo sé, lo que sí sé, es que si hablamos de la madre, se nos olvida todo, aún y que ésta sea perversa y ruin.

Los arquetipos (como ya he dicho) son cosas que tenemos muy arraigadas en el sistema límbico, o lagarto, de lo cual nos viene el cuidado, el amor storgé (de familia) y el afecto, que se hace consciente colectivo y lo seguimos enseñando diariamente, es decir, un arquetipo es la imagen o fórmula que muchos hacen para hablar de algo, aún y que no sepan de qué hablan.

El concepto “Gran madre” es religioso, Jung ya lo dice en su libro “Arquetipos e inconsciente colectivos”, y nos dice que el arquetipo de la madre es muy diverso, porque se puede ver como madre, a la madre y a la abuela, a la madrastra, a la suegra, y yo le añadiría a alguna tía, aunque el mismo Jung dice que cualquier mujer con la que se está en relación de madre-hijo.

Según Jung, el paralelo más cercano es María (la virgen), que en algunas alegorías es la cruz de Cristo; en la india sería Kali; en la filosofía sankhya como el concepto de prakrti; donde se le adjudica las tres Gunas: Bondad (sattva); Pasión (rajas) y tiniebla (tamas).

Sin embargo, como todo arquetipo tiene sus cosas lindas, pero también las no tan lindas y porque no decirlas, las diabólicas (entendiendo como algo maligno, y no como un ser).

Jung nos dice que la madre es el primer ser femenino que se encuentra en todo hombre, es decir, es la base de cómo ser mujer, y cómo escoger mujer.

Debido a esto, el arquetipo de la madre se le conoce como “complejo materno”, que, sin lugar a dudas, y mal encaminada creará una neurosis o miedo a vivir en el niño o niña, haciendo que éste, cuando crezca, busque una madre que lo ayude en la vida, o por lo menos, lo guíe siempre.

Según Jung, todo complejo materno se puede ver en homosexualismo, donjuanismo e impotencia, sin embargo, creo que cuando una madre se da cuenta del homosexualismo del hijo, ésta, tiende a cobijarlo, lo que no pasaría con su hija, y esto tiene que ver con los roles que nos obligan a tener en casa, en cuanto al “don juanismo”, es la búsqueda de la madre en todas las mujeres que conquisto”, y en la impotencia es “no penetrar a la madre (aunque sea la pareja a la que tenemos), precisamente por ser la madre.

Sin embargo, el don juanismo, también tiene su lado positivo, pues nos puede enseñar una masculinidad resuelta y enérgica, que sería como una violencia contra toda necedad, fanatismo, injusticia y negligencia; una renegación contra aquello que se llama justo, es decir, un espíritu revolucionario.

Cuando se trata de una hija es diferente (según Jung), pues es un caso puro y sin complicaciones, porque por un lado la hija se vuelve inconsciente de lo que es ser madre, y, por el otro, la hija se proyecta en la madre, y hace lo mismo que haría la madre, es decir, en el caso uno, no sabe ser madre, y en el caso dos, hace lo mismo que su madre haría (en ambos se jode, y no es ella misma).

Y es que, en el arquetipo de madre en una hija; el complejo de madre provocará en la hija, que lo único para que lo sirve es para procrear: El hombre no es más que un accesorio, es decir, es un objeto para la procreación. Cuando pasa esto, la mujer sobrelleva el embarazo y después se hace totalmente dependiente de los hijos, pues si no fuera “por ellos”, no tendría “razón de ser”.

Cuando se trata del “complejo materno negativo”, usan el lema: “Cualquier cosa con tal de que no sea como mi madre”, porque existen madres castradoras, madres inoportunas, manipuladoras, victimas, pinches, crueles, muy desgraciadas, y en extremo venenosas; pero es tan difícil aceptarlo, porque precisamente el arquetipo dice “todas las madres son buenas” ¿En realidad? Es tan grave el asunto, que la hija, o el hijo, se casan sólo para “librarse de la madre”, porque es una madre castradora.

Pero cuando se trata de la hija el complejo materno negativo es muy fuerte, pues los procesos y necesidades instintivas se vuelve muy complicadas: la sexualidad no funciona, no quiere tener hijos, los deberes matrimoniales les resultan insoportables, la vida matrimonial le provoca impaciencia e irritación. Además, se vuelve una mujer desagradable, exigente y de muy pocas cosas la satisfacen. Y, es que, para ella, esto no es esencial (el matrimonio), porque lo que vale la pena es “no ser como mi madre”.

Cuando la mujer combate al padre, entonces tiende a una vida impulso-femenina, pues rechaza todo aquello que le es extraño. No pasa eso si combate a la madre, pues si llegara a hacer eso, puede negar su instinto, negar su oscuridad, impulsividad, ambigüedad y la inconsciencia de su propio ser.

Neumann, el mejor estudiante de Jung, nos dice en su libro “La gran madre. Una fenomenología de las creaciones femeninas de lo inconsciente”, que se pueden distinguir tres configuraciones: La buena; la mala; y la combinación de ambas.

La buena contiene cosas positivas femeninos y masculinos; La mala contiene elementos negativos, tanto femeninos como masculinos, y la “gran madre” que nos da cosas negativas y positivas, y que es, síntesis de ambas imágenes.

J. C. Copper, nos dice en su “Enciclopedia de símbolos” “La Gran Madre, la Gran Diosa, lo femenino simbolizado por la luna, la tierra y las aguas, los poderes instintivos en oposición al orden masculino racional. Es un símbolo altamente complejo, puestos que la Gran Madre puede ser benéfica y amparadora o maléfica y destructiva; Es tanto la guía espiritual como la sirena y seductora; la virgen reina del cielo y la arpía y ramera; la sabiduría suprema y la locura abismal es la complejidad total de la naturaleza. (Cooper, Encyclopedia, 194).[1]

Otra vez Cooper escribe en “La enciclopedia de símbolos” sobre la madre: “La naturaleza, la Madre universal, señora de los elementos, criatura primordial del tiempo, soberana de todas las cosas espirituales, reina de los muertos, reina también de lo inmortal… las sanas brisas del mar, los silencios lamentables del mundo subterráneo. Ella es la feminidad arquetípica, el origen de toda la vida; ella simboliza todas las fases de la vida cósmica, reuniendo todos los elementos, tanto los celestiales como los infernales: Ella nutre; protege, da calor, contiene en sí y, al mismo tiempo, se contiene en las terribles fuerzas de disolución, devoradora y repartidora de la muerte; ella es la creadora y alimentadora de toda vida y es su tumba”. (Cooper, Encyclopedia, 108).[2]

La madre buena

Pero no quiero que se crea que todas las madres son malas, ¡no! Hay unas que son magistrales, y que se vuelven recuerdos inolvidables de adulto, ese amor maternal que nos hace sentirnos poderosos, y sí, amados, que nos hace regresar feliz al hogar de la madre y poder convivir con ella.

La realidad es que el arquetipo hace que no podamos separar las dos entidades de la madre, es más, la madre como tal no tiene importancia, sino el arquetipo, porque el ser humano a temprana edad no sabe quién es su madre, sólo ve como mamá a quien provee sus necesidades como alimentación, cambiar pañal, cariño, etcétera, y por ende la ve como la madre buena.

Debido al sistema y educación patriarcal es que la madre toma si no los primeros años de la vida, también la adolescencia y la juventud como la criadora del individuo, de ahí que la figura o el arquetipo de la madre sea tan grande, pues influye en el desarrollo psicológico y biológico del ser humano.

Y desde la visión del ser humano, la madre es la proveedora de vida, de comida y de todo, pues es la Pachamama o la “madre tierra”, es fertilidad, agricultura, vida misma, pues de ella emana todo, flora y fauna.

Ahora, si lo vemos desde la filosofía, la madre es Sofía, es decir, sabiduría, que inspira al hombre a conocer, a transformarse en ser humano, a crear poesía, sueños, fantasías y visiones, es decir, la madre es todo en todo y por todo.

Con el judeocristianismo la madre desplaza a Sofía, de tal manera que los “matriarcados” se convierten en “patriarcado”. Entonces todo lo que conocemos en occidente se hace desde la perspectiva masculina, que prefiere lo abstracto y racional, y deja a un lado lo emocional y subjetivo, y a pesar del arquetipo de la madre que es tan grande, queda supeditado a la visión de los hijos, es decir, son los hijos quienes hacen que arquetipo tenga un valor inmenso.

La madre terrible

A diferencia de la madre buena, la madre terrible emana del mundo interno del ser humano. Un ejemplo frío es la madre llorona, conocida como “La llorona”. Una madre que ahoga a sus hijos al ser abandonada por su pareja (en forma de venganza) y, al darse cuenta lo que hace, los reclama por las calles como si ella no fuera la culpable de aquello que hizo.

La madre terrible entonces surge del miedo, la angustia, y el terror, de ahí que la madre terrible tenga forma de monstruo o de quimera. De ahí que el individuo la vea como caos, muerte, conflicto, pena, dolor y sufrimiento.

Y cuando crece teme que ella le haga daño, por eso la frecuenta, por miedo a ser violentado por ella, por miedo a que ella lo lastime más de lo que hace, y al mismo tiempo, porque es su responsabilidad como hijo tener que cuidar a su madre violenta.

Dice Estella Welldon, en su libro Madre, virgen, puta en la página 67: “Por extraño que parezca, la maternidad constituye un medio para que algunas mujeres ejerzan actitudes perversas y perversoras hacia su progenie, vengándose así de sus propias madres”

Y, en realidad, aunque parezca horrible o mentira, muchas madres sí se comportan de la misma manera o peor que sus madres, pensando que así podrán desquitarse de ellas, por el mal trato que les dieron.

J. N. Rosen en su escrito “La madre perversa” nos dice: “El concepto de perversión del instinto maternal encaja en todos los hechos que he observado sobre la etiología de la esquizofrenia. Encaja en el comportamiento de las madres de esquizofrénicos, encaja en el material obtenido de los pacientes psicóticos, y encaja en el hecho biológico de que cualquier instinto, al expresarse, puede quedar sujeto a la perversión. Considerando la gama de instintos, no se me ocurre ninguno que pueda ajustarse a la relación errónea objetivo-objeto que denominamos perversión […] El envenenamiento proviene de la madre perversa que no está dotada de esa armonización divina que hace que comprenda el porqué del llanto de su hijo y que le permite devolverle a un mundo de felicidad omnipotente […]. El niño debe crecer. Si uno de los progenitores sufre de un instinto maternal perverso, el niño se ve obligado a crecer desde el principio sobre una base psicosexual debilitada”.[3]

Muchas de las madres tienen actitudes pasivas o activas en la vida de sus hijos, una de las cuales es conocida como “abandono temprano”, es decir, muchas madres abandonan a sus hijos desde pequeños porque “ellos pueden solos”; o les dan castigos mentales “si no me obedeces no me quieres”, “cállate, nada más dices tonterías”; o castigos físicos, pegándoles por cualquier cosa, haciendo que estos niños crezcan con muchos problemas que se manifestarán cuando adultos, si ellos no van a terapia.

La realidad en el arquetipo es que “La madre, ni sagrada, ni intocable”. Porque a pesar de ser uno de los arquetipos más complejos y menos juzgados, no deja de ser un arquetipo dañino, no nos debemos a ellas, porque en realidad, ellas, no son responsabilidad de nosotros (los hijos), aún y que la sociedad nos quiera imponer la idea, y como le dije a una paciente/cliente o consultante, que tenía una madre tóxica o maligna, no dejes de amar a tu madre, pero eso no te obliga a tomarte un café con ella, es decir, si ella quiere ir a comer contigo y puedes no digas que no (¡Claro, siempre y cuando no te afecte!), pero tú no la invitas porque ella te hace daño cada que puede.

En realidad, las madres perversas no entran en el inconsciente colectivo, y es que, seamos fríos y honestos, a veces, no hacemos un recuerdo real, porque el consiente nos gana, y pensamos “mi madre es buena”, aún a pesar que la realidad nos trataba mal, y aún hoy, nos trata mal, y se proyecta en los demás, el inconsciente colectivo o el arquetipo nos pesa, y nos pesará, porque ser mamá, no es fácil, pero el hijo o la hija la tapa, porque “es nuestra madre; pero debes saber que tampoco nos debemos tomar un café con ella, sobre todo si ella nos daña tanto, es decir, yo te amo, pero no quiero estar cerca de ti.

De ahí que se entienda que “La madre, ni sagrada ni intocable”, es decir, como todo ser humano, puede ser perversa, pero también puede ser una diosa; puede ser asesina, pero también dadora de vida constante; puede ser castradora, pero también una guía inmensa; puede ser el diablo, pero también puede ser la diosa, eso dependerá de cada madre, y sí, por qué no decirlo, de cada hijo o hija.

Por lo demás amigos míos les dejo un abrazo enorme, sanador, muy nuestro, búsquenme en las redes sociales, soy Marco Antonio Meza Flores en todas, en Facebook, mi foto de perfil es Buda, Jesús y Krisna en un puente, y la foto de atrás tienen un letrero de advertencia divertido, en Instagram y en Twitter es una foto de mí con una camisa de Canah, de color azul o en www.marcoamezaflores.com, ahí está el blog “pregúntale a Marco”, en mi correo electrónico reverendo_czy@hotmail.com, y si son muy buenos para leer, tengo mi columna “camina conmigo” en www.primeravueltanoticias.com, en la sección de opinión.

Y recuerda… mi voz irá contigo. Un abrazo cósmico.


[1] Véase. http://jungmundoimaginal.blogspot.com/2013/05/la-gran-madre-como-arquetipo-en-erich.html

[2] http://jungmundoimaginal.blogspot.com/2013/05/la-gran-madre-como-arquetipo-en-erich.html

[3] Rosen. J. N. (1953). The perverse mother”, en J. N. Rosen, Direct Analysis: Selected Paper, Nueva York, Grune & Stratton, pp.100-101. Tomado de V. Welldon, Estella. (2013). Madre, virgen, puta. Un estudio de la perversión femenina. España: Psimática Editorial, S.L. pág. 68.

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