Rompiendo el ser interno

Hola que tal amados amigos y amigas, los saluda su amigo Marco Antonio Meza Flores, aquí en ¿Qué es ser feliz? Quise empezar el año con un podcast que les invite a romper paradigmas, patrones y prejuicios. Porque a veces romperse, no es malo; lo bueno y lo malo es algo más social que propio, muchos por miedo a no pertenecer al grupo se une a lo “malo” que ve el grupo, y los fanáticos hasta persiguen a aquellos que no piensan como ellos. Pero romperse puede ser una experiencia liberadora, aunque dolorosa, porque no estamos acostumbrados a salir de lo que podemos manejar, es decir, salir de la zona de confort, de la zona de tranquilidad, de nuestra zona. El tema de hoy se llama “Rompiendo al ser interno”.

Antes de empezar quiero dejar claro algunos conceptos:

Paradigma:Es todo modelo que se debe seguir en determinadas situaciones.

Patrón: Es un hecho o una cosa recurrente, es decir, un “modelo a seguir”, aunque este esté mal enfocado.

Prejuicio: Es hacer un juicio previo de algo o alguien sin tener antecedentes o conocimiento de ese algo o alguien. Es una opinión previa de algo que se conoce poco, mal o no se conoce, pero por “chismes”, habladurías o por tener una opinión, se dice.

Romperse, puede ser una cosa dolorosa, pero siempre es algo enriquecedor, por donde lo veas, siempre traerá un beneficio, aunque sea la experiencia de no hacer esto o aquello.

En Japón hay una técnica, o más bien un arte llamado Kintsugi que es “Carpinteria de oro” de la cual hablaremos con detenimiento más adelante, pero es algo así como “el arte de enaltecer las imperfecciones”; y es que aquí en occidente, cuando estás “roto”, lo vemos como algo muy malo, muy doloroso, muy pinche pues, y entonces evitamos hablar del tema, o llorarlo, o sacarlo, queriendo ignorar lo que sucede y sonriendo cuando algo está mal.

Es más, he leído que una persona es fuerte, cuando todo su mundo está destrozado y ésta va por la vida sonriendo, una cosa muy aberrante, camuflejeas el dolor, la emoción y el sentimiento que tienes en este momento, por algo que no tienes y que quieres que los demás no vean, aunque esto, te esté destruyendo la vida.

Y es que así nos enseñamos a ser y no queremos cambiarlo, algunos por miedo, otros por pereza y los más porque ignoran que tienen un patrón adquirido que es un arquetipo que se volvió paradigma, patrón o prejuicio, y lo peor es que lo siguen manteniendo y hasta enseñando porque creen que eso es lo correcto, pues “todos lo hacen”.

Además, con la cultura de lo desechable, las emociones como estás son tiradas debajo de la alfombra, muchos las quieren esconder con diversión y fiestas, alcohol, sexo, drogas, etcétera, sin saber que eso va a salir en algún momento y puede que salga de manera muy agresiva. Así es, a veces desquitamos la ruptura de nuestro ser con alguien que nada tiene que ver con esa ruptura, pero creemos que eso es lo correcto.

Añade a esto todo el marketing sobre “debes estar bien”, “busca ser el número uno”, “no estés triste, ve al gimnasio”, etcétera, y un sinfín de slogans con ideas así o peor de estúpidas.

Y todavía más, añade las ideas de “todo se arregla con una pastilla u operación”, entonces hay antidepresivos, ansiolíticos, operaciones estéticas para mejorar la imagen, aunque por dentro estén hechos garras.

Y le seguimos añadiendo con tanto grupo de “coaching”, muchos de ellos coercitivos, es decir, que usan el miedo o la fuerza para manipular a otros, como las iglesias que hablan del infierno y el diablo, a cambio de los diezmos les dan el cielo y a Dios. Y podemos seguirle con un sinfín de coaches de vida que son un asco de personas, simplemente por engañar a los demás con sus discursos que ni viven, pero si los dicen, es más, le decía a una de ellas, cómo puedes decirle sin sentir nada a las mujeres que una buena dieta y horas del gimnasio les ayudará, mejor pásales el número de tu cirujano plástico, te fue más efectivo.

Y no digo que esté mal lo que dijo, digo que usa la incongruencia para ganar dinero; y algunos posiblemente digan, “es que te da envidia que ella si pueda hacerlo y tú no”, como me comentó un día cierto personaje de la escuela, y le dije, “que poco me conoce”, pero es obvio, la gente cree que hacer crítica es malo y es mejor callarse, más por cobardía que por otra cosa.

Actualmente vivimos en una sociedad en donde los prejuicios, patrones y paradigmas son la forma de vida, es más fácil hablar mal de las feministas de la tercera ola, pero no investigar porque son de la tercera ola, qué es el feminismo, porqué están luchando así, las luchas revolucionarias fueron en silencio y callados, no se destruyó la ciudad porque el pueblo “líder” es sordo ante las necesidades de la sociedad en común, etcétera, es más fácil callar y seguir avanzando pues a mí no me hacen daño y no me molesta eso.

Hoy día maquillar, operar, medicar (empastillar mejor dicho), ignorar, sordearte dijeran aquí o tirar a león (también aquí lo dicen que quiere decir “ignorar”) las situaciones que me están pasando, situaciones que me tienen roto, es lo mejor que hacen muchos, es más, hasta los “amigos” la apoyan, aunque esta situación te limite a crecer, o te esté haciendo mucho daño, lo mejor para muchos es ignorarla, sin embargo, sale, en algún momento eso va a salir y puede hacer mucho daño, y no lo sacamos antes, porque nuestro prejuicio de “los hombres no lloran” o “aguanta manita, ya pagara su karma”, nos hacen tanto daño que no aceptamos que estamos rotos y necesitamos reconstruirnos..

Porque romper el ser interno no es malo, por qué queremos esconder que estamos rotos, que necesito un abrazo, llorar, respirar y terapia si es necesario, ¿por qué negarnos la oportunidad de crecer? ¿Por qué no hacemos o nos damos la libertad de ver aquello que nos duele de manera más objetiva y ver qué de provecho puedo sacarle a esta experiencia desagradable?

Ya lo decía hace rato, En Japón hay un arte que se llama Kintsugi, este arte, nos enseña que las rompeduras tienen una historia digna de contar, el Kintsugi consiste en reparar las fracturas de cerámica con barniz de resina mezclado con el polvo de oro, plata o platino, para que lo roto, vuelva a ser útil y además tenga una apariencia más atractiva.

El Kintsugi nos enseña que las rupturas o los daños cuentan una historia particular, algo interesante, y es por eso que son únicas, especiales, y al mismo tiempo, si reparó se vuelve fuerte y hermoso.

Piensa, “terminé esa relación que amaba tanto, pero que también me hacía mucho daño, no me dejaba crecer yo mismo, “por amor” al otro; no impulsaba al otro a ser mejor cada día, al contrario, menguaba su crecimiento, no por gusto, sino por ignorancia y miedo a qué pasará mañana.

Cuando alguno de mis hijos se caía al ser pequeño, y se raspaba, y lloraba, cuando terminaba de hacerlo le decía “aprende, esas, son heridas de guerra, es decir, tú eres un guerrero de tu camino, aprende a que cada herida, te hará más fuerte, y más sabio, y si no lo hace, la vida, te repetirá la lección otra vez, pero más fuerte a ver si esta vez aprendes” hoy después de algunos años, cuando ellos se caen de la bicicleta, de algún juego, me dicen “es una herida de guerra… aprendí”.

Un día estaba en un parque de la ciudad y mi hijo Gadiel (el pequeño) se subió a una estructura de escalar, y se dio un golpe fortísimo, que me sacó el susto y las lágrimas; él obviamente lloró, tendría no sé unos 6 o 7 años, cuando pasó eso, entonces lloró, se levantó y me dijo “herida de guerra”, y se volvió a subir, esta vez supo donde pisar, cómo pisar y cómo bajar y cuando bajó me dijo “aprendí”.

Esas anécdotas, las tengo guardadas en mi alma, porque aprendo cada día, el estar roto no quiere decir que me pondré igual, un divorcio es una ruptura interna; la pérdida de una persona amada, es una ruptura interna; el que seas corrido de tu trabajo es una ruptura interna; el término de una relación, la que sea, erótica, filial, storgé, es una ruptura interna; “pegarte”, no te hará la misma persona, pero sí entiendes la situación te hará mejor persona, es decir, cuando aquello que se ha roto, puede ser más fuerte cuando se pega.

Por eso es romper paradigmas, patrones y prejuicios, porque es comenzar a leer, a estudiar a indagar, a romperme desde adentro para poder ser feliz, porque como he dicho la felicidad es de la piel hacia adentro, no hay forma de ser feliz buscándolo afuera, en cosas mundanas y ordinarias.

Groucho Marx dijo: ¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto! Y es real, aceptar la clase de persona que puedo ser o llegar a ser es romperse desde adentro; aceptar que soy incapaz de muchas cosas es romperse desde adentro; creer que las heridas me ayudan a crecer es romperse desde adentro; el problema resulta en cómo las sano, y cómo las celebro, de ahí que debemos romper patrones, paradigmas y prejuicios, porque estos sólo estorban para no avanzar en la vida, para no deconstruirme, para no coexistir.

Rompiendo el ser interno no te harás daño, porque es aprender de los errores, basta de “propósitos de año nuevo” sin sentido, es más me puedes decir: Marco tomé mis doce propósitos con las uvas; te diré ¿es neta? ¿Cuántos de ellos cumpliste en el 2019? Pero te aseguro que aquellas cosas que te dolieron hasta el alma, es decir, te rompieron el ser interno, que te sacaron de la zona de confort, que rompieron paradigmas, patrones y prejuicios, si las reparaste, te hicieron más fuerte y sabio.

Porque aquí en occidente dicen “agarra el plato, tíralo al suelo, ¿se rompió? Ahora repáralo ¿quedó igual? La respuesta es obvia, ¡claro que no quedo igual idiota! Pero, si lo reparas con hilos de oro, plata y platino, además, la paciencia para hacerlo, el plato quedará más fuerte y te aseguro más bello.

Ernerst Hemingway decía: El mundo rompe a todos, y después, algunos son fuertes en los lugares rotos”, y esto se da porque aprendieron la lección, mi padre siempre me dice “aprendiste”, y hoy día entiendo cada situación que me pasa, desde la más linda, hasta aquellas que me rompen el ser interno, y aprendo, de ambas quiero aprender para ser sabio y no cagarlas en lo mismo una vez más.

Y es que, aunque la ciencia diga que el dolor como cualquier emoción sólo dura venticinco minutos como máximo en el cerebro, acordarme de eso, me duele, aunque ese dolor, sea una mentira, un imaginario, porque lo que es, se llama sufrimiento, porque, porque el dolor ya no está, es el recuerdo y la vivencia que no he superado porque querer seguir llorando lo sucedido.

Así que, romper el ser interno, nos hará crecer, porque aprenderemos a llevar la paz interna; la paciencia interna; el amor propio; la fe interna; la esperanza sobre, el apostar en mí, el creer en mí y crear para mí; y que crees, el mundo gana con todo esto.

Así que este año rompamos paradigmas, patrones y prejuicios, te invito a que lo hagas y que con ello crezcas, aunque en el proceso te rompas, aprenderás a repararte con hilos de oro, plata y platino, ya lo verás.

Por lo demás amigos míos les dejo un abrazo enorme, sanador, muy nuestro, búsquenme en las redes sociales, soy Marco Antonio Meza Flores en todas, en Facebook, mi foto de perfil es Buda, Jesús y Krisna en un puente, y la foto de atrás tienen un letrero de advertencia divertido, en Instagram y en Twitter es una foto de mí con una camisa de Canah, de color azul o en www.marcoamezaflores.com, ahí está el blog “pregúntale a Marco”, en mi correo electrónico reverendo_czy@hotmail.com, y si son muy buenos para leer, tengo mi columna “camina conmigo” en www.primeravueltanoticias.com, en la sección de opinión.

Y recuerda… mi voz irá contigo. Un abrazo cósmico.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *